A la vuelta de la página
La primera vez que nuestras vidas se cruzaron fue algo fugaz. Yo hablaba y hablaba, pero con el silencio me desvanecía. La voz es lo que me mantenía vivo. Paso sumergido en un mar de líneas con una pequeña barca, evito que te desilusiones y a veces lo permito para ver tu fortaleza. Viajé por donde mis pies me permitían y una vez recorrido el sendero, me integré y me sumergí en vuestras vidas, haciéndoos soñar y nadar por paraísos marinos. Vivo en las estanterías de las bibliotecas, en las de tu habitación o en algún desván viejo lleno de polvo. Sentirás el roce ligero de dos manos que se tocan con timidez o que se aprisionan con temor. Bailarás con las pequeñas enredaderas y cantarás una melodía de la cual nadie conoce la letra, pero todos conocen el ritmo. Verás una naturaleza plagada de nostalgias, de riesgos, de belleza y pureza. Vivirás profundamente y lanzarás por las majestuosas cataratas aquello que no es vida. Y al final te rindes ...