Escuchando al arte y a sus sentimientos.
La frescura intensa aflora de este cuadro con una simple mirada fugaz y sin apenas detenimiento. Las formas escogidas con sumo cuidado recrean una obra perfecta y detallada que simboliza, una vez más, el poder de la pintura abstracta. La subjetividad que evoca es imprescindible y necesaria a la hora de observar y describir una obra de arte. Es inevitable el recuerdo lozano que me embarca en el camino de la lectura, el gran camino. El viaje sin destino y sin fin que te colorea la senda conforme tus pies van accionando pequeños pasos sin importancia pero decisivos. La lectura también es abstracta. Abstracta la pintura. Pintura y lectura. ¿Por qué lectura? Porque la lectura es un sueño con ojos como platos. Porque también es plácida. Porque es un arte. Y, sobre todo, porque no está definida ni delimitada, está abierta a nuestra creatividad como este cuadro. Los colores nos hacen vivir más emocionalmente, pensar, imaginar y fantasear. Nos hacen ser nosotros mismos pero con pincela...